La búsqueda de la felicidad
El fin de todos los seres humanos es la felicidad
(Aristóteles, siglo IV a. C.)

En todos los tiempos y en todos los pueblos y culturas el género humano ha buscado siempre la felicidad. Algunos creen que la felicidad se encuentra en el poder y la riqueza, pero la Historia nos enseña la vida tan desgraciada que han llevado grandes guerreros, reyes, artistas... – como ejemplo, recordar el cuento milenario La camisa del hombre feliz–.
Una vez más la Historia nos enseña que sólo aquellos hombres o mujeres, ya sean reyes o esclavos, que han sido personas bondadosas, honradas, amables..., que han amado, perdonado..., que ante los problemas han conservado la fe, que ante una enfermedad o catástrofe mantienen la esperanza, que han sabido ser caritativos con los más necesitados quizás alguien muy rico sólo ha tenido el amor que le ha ofrecido desinteresadamente su esclavo), y que valoran ló que tienen... sólo estas personas, conocen lo que es la verdadera felicidad.
FILOSOFÍA: Es una palabra griega que significa «Amor a la sabiduría». La Filosofía es la ciencia que estudia y trata de la esencia, propiedades, causas y efectos de las cosas naturales.
  • Filosofía moral: Es la parte de la Filosofía que estudia la bondad o malicia de las acciones humanas.
  • Filosofía natural: Es la parte de la Filosofía que investiga las leyes de la naturaleza.
Las enseñanzas de los filósofos griegos y latinos son unos de los pilares de la Civilización Occidental. Analicemos las enseñanzas de algunos filósofos de la Antigüedad Clásica (Grecia y Roma):

El gran filósofo griego SÓCRATES, muerto el año 399 a. C. consideraba que la ignorancia era la causa de todos los males y que la virtud, era el único camino para, llegar a la felicidad.
Para Sócrates nadie peca voluntariamente, sino que quien hace el mal, lo hace por ignorancia del bien. No bastan las disposiciones naturales para ser bueno y virtuoso. Se puede, enseñar y aprender a ser virtuoso, por ello el que desea ser virtuoso debe aprender acerca de lo que es mejor y más útil en cada caso. . .
Decía Sócrates que la felicidad no puede venir de las cosas externas, sino sólo del alma, y esta es feliz cuando posee un orden espiritual y una armonía interior; es decir, cuando es virtuosa.
ENSEÑANZAS DE SÓCRATES SOBRE LAS PERSONAS CHISMOSAS Y MURMURADORAS.
Cuentan que Sócrates se encontró un día con un conocido que le dijo: «¿Sabes lo que dicen acerca de tu mejor amigo?» A lo que Sócrates contesto: «Antes de decirme nada sobre mi mejor amigo, quisiera que me contestaras a estas tres cuestiones:
–¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
–No– dijo el hombre– realmente... sólo escuché que...
–¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
– No– contestó el hombre– por el contrario ...
–¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo? ¿Es útil para alguien el que yo lo sepa? ¿Podré ayudarle, sabiéndolo?
–No– balbuceo el hombre avergonzado– la verdad es que no le sirve a nadie el que yo te lo cuente.
–Entonces–contestó Sócrates– reconoces que deseas decirme algo malo sobre mi amigo, que no estás seguro de que sea cierto y que además no es útil para nadie. Pues si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil, ¿para qué querría yo saberlo?»
Ese día Sócrates enseñó a sus discípulos que cuando oyeran comentarios sobre alguien, antes de criticar y propagar un chisme o rumor debían pasarlo por el triple filtro de verdad, bondad y utilidad. Esto evitaría sufrimiento inútil a la persona criticada. Además, las personas criticonas serían más felices porque tienen menos problemas.


PLATÓN
, nacido en Atenas en el año 427 a. de C, fue discípulo de Sócrates. En el campo de la Ética se oponía a los sofistas (según estos filósofos las únicas leyes naturales son la búsqueda del placer y el dominio del más fuerte). Afirma Platón que el hombre posee una facultad que no tienen los animales: la razón. La razón lleva al hombre a la práctica de las principales virtudes humanas: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Platón, como su maestro Sócrates, opinaba que el conocimiento lleva a la virtud y a la felicidad. Actualmente muchos psiquiatras, ante los graves problemas depresivos y la infelicidad reinante en el mundo occidental, reivindican las virtudes curativas de la filosofía. El libro Más Platón y menos Prozac –de Lou Marinoff–, analiza situaciones conflictivas vividas por personas normales desde perspectivas filosóficas, está considerado como uno de los mejores libros de autoayuda.



ARISTÓTELES
, discípulo de Platón, afirma que el supremo bien del hombre es la felicidad, que consiste esencialmente en la virtud, no en la riqueza, el placer, la amistad o la salud. Escribe Aristóteles que para alcanzar la felicidad es necesaria la práctica de las virtudes intelectuales (inteligencia, ciencia y prudencia) y de las morales. Expone que, para algunos, la felicidad consiste en los placeres; para otros, en las riquezas; pero el hombre sabio la busca en el ejercicio de la actividad que le es propia al hombre, es decir, en la vida intelectiva. Ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes, con tal de que no impida la contemplación de la verdad. Las distintas virtudes constituyen un término medio razonable entre dos posiciones extremas, así pues, la moderación constituye el término medio entre el desenfreno y un rigor excesivamente represivo o insensible al placer. Es famosa su frase: «En el término medio está la virtud».




Para
SÉNECA, filósofo y pensador más destacado del Imperio romano, siglo I d. C., la sabiduría y la virtud son la meta de la vida moral, lo único inmortal (que no muere nunca), que tienen los mortales (los humanos). La sabiduría consistirá en seguir a la naturaleza, dejándose guiar por sus leyes y ejemplos. Y la naturaleza está regida por la razón. Por tanto, obedecer a la naturaleza es obedecer a la razón, y poder de este modo ser feliz. La felicidad de que es capaz el hombre consiste en adaptarse a la naturaleza, y para ello mantener un temple anímico. equilibrado que nos deje a salvo de las veleidades de la fortuna (contratiempos) y de los impulsos del deseo que oscurecen la libertad. La libertad consiste en la tranquilidad del espíritu, en la imperturbabilidad del ánimo que hace frente al destino.
Sólo es feliz el que, dejándose guiar por la razón, ha superado los deseos y los temores. La virtud debe desearse por sí misma, no por otra cosa; el premio de la virtud es la misma vida virtuosa y razonable que nos pone al abrigo de las turbaciones. La moral exige extinguir, quitar, los deseos desordenados, especialmente la ira. El sabio debe esforzarse por mantenerse impávido. No se le exige una insensibilidad, pues perdería su condición humana, pero debe soportar las adversidades. No ha de tratar de reformar el mundo, que tiene sus leyes necesarias, sino procurar adaptarse a sus exigencias. Los hombres deben prestarse auxilio mutuo, vivir en sociedad profesándose afecto y estima. La naturaleza exige el amor de los elementos que la componen. Hacer daño a otro hombre es algo irracional que va contra la misma esencia de la naturaleza.

OTRAS CULTURAS
En los Upanishad, (palabra que significa en sánscrito sentarse más bajo que otro para escuchar respetuosamente sus enseñanzas), libros sagrados del hinduismo, escritos sobre el siglo VI antes de Cristo, se enseña: «La felicidad o la desgracia dependen enteramente de la actitud de la mente».



Los Responsables de este proyecto:Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado son Maestros, Diplomados en Geografía e Historia, Licenciados en Flosofía y Letras y Doctores en Filología Hispánica.

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