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DIRECTORIO

de la

SECCIÓN

BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS

Los documentos a los que aquí se accede han sido realizados expresamente para desarrollar los programas académicos que trabajamos con nuestros alumnos. Esta serie se completa en muchos casos con propuestas de actividades interactivas, audios o vídeos que concretan y validan el grado de comprensión alcanzado o, simplemente, actuan como elemento motivador. También está disponible una estructura tipo «Wiki» colaborativa, abierta a cualquier docente o alumno que quiera participar en ella. Para acceder a estos contenidos se debe utilizar el «DIRECTORIO de la SECCIÓN». Para otras áreas de conocimiento u opciones use el botón: «Navegar»

Autor: Jacob y Wilhelm Grimm (Hermanos Grimm)

 

En un lejano reino vivía una niña muy guapa y buena llamada Blancanieves. Su madre murió siendo ella muy pequeña y su padre, el rey, volvió a casarse con una joven malvada que deseaba ser la mujer más bella del reino.

Ella tenía un espejo mágico al que cada mañana preguntaba:

-"Espejo, espejito, ¿quién es la más guapa?"

Y el espejo siempre respondía:

-"Tú, mi ama".

Pero un aciago día, al responder a la pregunta, el espejo dijo:

 -"Lo lamento, ama, tú eres guapa, pero Blancanieves lo es más."

La madrastra, enfurecida, llamó a sus sirvientes y les ordenó llevar a la niña al bosque y matarla, pero los criados pensaron que Blancanieves era muy buena y no merecía morir.

Llegados a lo más frondoso del monte dejaron libre a la joven y cazaron un animal al que arrancaron el corazón que enseñaron a la reina como si fuese de la niña.

Blancanieves, muy asustada, anduvo y anduvo hasta que encontró una casita muy pequeña.

Agotada, entró en ella para descansar un poco. Estaba amueblada con una mesa, siete sillas y siete camas, todas ellas muy pequeñas.

Hambrienta, comió todo lo que encontró. Luego juntó las siete camas y se durmió sobre ellas.

Así la encontraron los propietarios de casa cuando regresaron del trabajo, siete enanitos, que exclamaron al contemplarla descansar tan plácidamente:

-"¡Mirad, es muy hermosa!"

-"¡Sí que lo es!”

-“Pero, ¡se ha comido toda nuestra cena!”- advirtió el más gruñón.

-“Podríamos pedirle que se quede a vivir aquí"- dijo el enanito práctico – “¡cuidaría de nosotros!”

Así lo hicieron cuando Blancanieves despertó. Ella los miró asombrada y, luego de pensar un poco, accedió encantada a la vez que les relataba los detalles de su triste historia.

Entretanto, la siniestra madrastra vivía encantada en su palacio hasta que cierto día, al volver a preguntar a su espejo, este le dijo:

-“Blancanieves es la más guapa.”

-“Pero, ¡Blancanieves está muerta!”

-“No lo está”- le aseguró el espejo – “vive en el bosque, en la casa de los enanitos”.

La infame reina se disfrazó de vieja y marchó a buscar a Blancanieves. En el brazo llevaba una cesta llena de manzanas envenenadas. Llegada a la casa del bosque, llamó a la puerta y dijo:

-"Soy una pobre anciana que os trae una cesta con manzanas".

Blancanieves abrió la puerta, pero no reconoció a la reina oculta bajo el disfraz.

-“Come las que quieras, están muy dulces” – animó la bruja.

La joven tomó una que brillaba como el sol y, al morderla, calló muerta al suelo. La madrastra regresaba contenta a palacio convencida de que ahora era ella la más hermosa del lugar.

Los enanitos quedaron muy tristes al volver y lloraron desconsoladamente mientras construían una caja de cristal donde introducir el cuerpo de Blancanieves.

Estaban a su alrededor, muy afligidos, en un claro del bosque, cuando acertó a pasar por allí un apuesto príncipe que quedó prendado con la belleza de la niña. Sin dudarlo, abrió la urna y depositó un besó en la mejilla de la princesa.

¡Y Blancanieves despertó!

-¡Dios Santo!, ¿dónde estoy?

Y el príncipe le respondió loco de alegría:

-Estás conmigo.

Y, después de que le explicaran todo lo ocurrido, dijo:

-Ven al castillo de mi padre y serás mi esposa.

Y, Blancanieves, ¡accedió! Por eso, en compañía de su enamorado y sus amigos los enanitos, inició el largo viaje.

Llegados al palacio del príncipe, se dispuso todo para la boda. ¡Sería una ceremonia de gran magnificencia y esplendor!

La malvada madrastra también fue invitada a la fiesta. Y cuando, ataviada con sus vestidos más lujosos, se miró en el espejo, éste le dijo en tono divertido:

-“Señora, eres como una estrella, pero la reina joven es mil veces más bella”.

La sorprendida mujer tuvo un sobresalto tremendo. Pensó no asistir a la boda. Pero la curiosidad pudo más que su razón y quiso ver la verdad de esa afirmación. El disgusto al ver a Blancanieves fue tal que le costó la vida.

Blancanieves, el príncipe y los siete enanitos vivieron largos años de felicidad siendo muy amados por los habitantes de aquel reino.

 


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Responsables últimos de este proyecto

Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

Son: Maestros - Diplomados en Geografía e Historia - Licenciados en Flosofía y Letras - Doctores en Filología Hispánica

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